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lunes, 14 de agosto de 2017

Oporto y sus murales

Oporto. Mayo 2017


Oporto, aquel mayo luminoso del 2017, también nos prestó unos cromos para nuestra colección de "Murales y trampantojos".

Era una ciudad tan paseable, con tantos rincones bellos... Sus preciosas iglesias de azules azulejos y sus vistas al atardecer sobre el río Duero, sus elegantes escaparates y sus librerías. ¡Sus librerías! ¿Os acordáis de la librería Lello?

Pero había otro Oporto, el que descubrías paseando, el que te atrapaba con su explosión de colores como en la fachada de la fotografía que encabeza esta entrada, de un restaurante. O el Oporto en blanco y negro de sus delicados dibujos en cualquier rincón, cualquier mueble urbano, como en la foto de debajo de este párrafo.

Oporto. Mayo 2017


Y ese otro Oporto que no era turístico, pero que seguía siendo el de las calles adoquinadas y tranvías, el de las flores en los balcones de las casas y las murales en cualquier recodo. 

Oporto. Mayo 2017

 Oporto, qué buena escapada en cualquier estación.


Si quieres ver los murales de otras ciudades, ya sabes que están todos en la pestaña de "Murales y trampantojos". Te dejo un enlace por si quieres recordarlos:



sábado, 5 de agosto de 2017

Cuando la poesía sale a tu encuentro: Oporto y Ribadeo






A veces vas caminando por la calle, por cualquier calle del mundo y la poesía sale a tu encuentro.

¡Cómo no vas a pararte! Es una llamada de atención, un dejar de mirar fuera para mirarse dentro.
Hoy os traigo dos ocasiones en que ocurrió.

La foto que encabeza la entrada está tomada en Oporto. De pronto ahí estaba el poema decorando el mobiliario urbano. Otra vez se nos cruza en nuestro camino la poeta portuguesa Florbela Espanca, una poeta que conocimos porque también tropezamos con ella por las calles de Lisboa. ¿Os acordáis? También hice una entrada a propósito de ese encuentro.

Florbela Espanca (1894-1930) nació un 8 de diciembre, se casó otro 8 de diciembre y murió aún otro 8 de diciembre, porque se suicidó. La llaman la Dama del Alentejo, y el pueblo portugués convirtió muchos de sus poemas en la letras de sus fados. Fue valiente para su época, decidida, liberal, se casó varias veces y buscó incansable la felicidad entre sus desdichas amorosas.


La foto de debajo está tomada ya en nuestro país, en Galicia, en Ribadeo. Y también fue así, íbamos descubriendo la ciudad y allí estaba la pintada, en una pared cualquiera, de una calle cualquiera: ¡Sin poesía no hay ciudad!

Ahí queda eso.





martes, 4 de julio de 2017

La biblioteca del Palacio da Bolsa de Oporto





Se quedará en la memoria cómo la biblioteca que no nos enseñaron. Aquella de vitrinas altas de madera y paredes color siena. Aquella que tenía un techo precioso de pinturas y unas lamparas verdes en las mesas que solo pueden iluminar libros fantásticos. La misma que tuvimos que fotografíar desde la puerta y casi a oscuras.

Nos enseñaron muchas salas del Palacio de la Bolsa de Oporto. Ese edificio construido en estilo neoclásico en la segunda mitad del siglo XIX que ahora es sede de la Asociación Comercial de Porto.

La construcción del Palácio da Bolsa comenzó en 1842 y pasó casi medio siglo hasta su inauguración en el año 1891. Participaron en ella grandes nombres de la escultura, de la pintura, de la arquitectura y de las artes decorativas. 

En la actualidad está calificado como Monumento Nacional.

 
Recordaremos a aquel señor que no consiguió hacerse un café a la entrada por más que lo intentó. Recordaremos lo bien que comimos en el restaurante de su planta baja, lo rico que nos supo aquel sabroso bacalao. Nos veremos otra vez sobre ese suelo de colores, ese mosaico que pisamos en el patio central bajo tantos escudos. 


Y después subiendo las preciosas y nobles escaleras para ir recorriendo despacio la sucesión de señoriales salones.  Uno tras otro...
 


Recordaremos incluso el gabinete de Gustave Eiffel, aquel que ocupó cuando pasó por Oporto. Tan austero, tan desnudo pero con aquella máquina de escribir antigua que lo llenaba todo.

¡Y cómo olvidar esa maravillosa Sala Árabe o Arábiga inspirada en La Alhambra de Granada! Cómo no recordarlo: Una sala de más de 300 metros cuadrados, muy recargada con motivos islámicos, decorada según el gusto oriental característico del siglo XIX.




Pero  lo que será imposible de olvidar, sé que no lo conseguiremos, es que no nos enseñaran aquella biblioteca. 

Esa tan coqueta por la que pasamos nada más entrar, esa que no tenía una mota de polvo, esa que olía a libro y a siglos de estudio, esa que solemne e hipnótica, aletargada y a oscuras palpitaba tras una insignificante cuerda. 
 
Esa misma biblioteca que contenía más de ¡10.000 libros!

Esa que relucía intacta. Que nos esperaba.


Nos esperaba.

Y nunca nos enseñaron.

martes, 30 de mayo de 2017

La librería Lello e Irmao de Oporto.




Hace poco tiempo he podido tachar de mi lista de librerías del mundo a visitar, una que es preciosa: La librería Lello e Irmao de Oporto. O lo que es lo mismo pero mejor dicho: Livraria Lello e Irmão.

Fue considerada la tercera librería más bella del mundo por el periódico The Guardian en el 2008. Después en el 2011 lo fue también por la guía Lonely Planet, y finalmente en el año 2014 la CNN la consideró la más bonita del mundo.

Y la verdad es que es preciosa, tan elegante...


Por fuera es blanca, con aire gótico, y dos figuras en su fachada. La Ciencia y el Arte.

Fue construida en el año 1906 por el arquitecto Xavier Esteves, y pintada por José Bielman. Dentro tiene una escalera maravillosa de madera donde todo el mundo, pero todo el mundo, se hace su foto. Y una vidriera en el techo de tonos azules con una inscripción en latín: Decus in Labore (Decoro en el trabajo.


He leído que, aunque data de principios del siglo XX, tiene su origen a mediados del XIX, cuando el empresario francés Ernesto Chardron regentaba una librería en Oporto cercana a la Torre de los Clérigos, y que fue cambiando de ubicación. Chardron murió muy joven (su nombre, de hecho, aún puede apreciarse a la entrada) y fue la sociedad Lugan & Genelioux Sucessores quien se hizo cargo de la librería situada en el emplazamiento actual. Unos años después, el empresario José Lello y su hermano António compraron la librería y la rebautizaron con el nombre con que hoy la conocemos. Se cuenta que a la inauguración de esta librería acudieron numerosas personalidades de la vida política y cultura portuguesa, y es que desde el momento de su fundación se convirtió en una de las librerías más bonitas de Europa.


Dicen que es la que sale en la película de Harry Potter, pero he leído que no se rodaron aquí esas escenas, aunque sí que les sirvió de modelo cuando las rodaron en Londres. La escritora J.K. Rowling había residido en Oporto y se inspiró en esta librería para inventar algunas de sus escenas.


Cuesta entrar 4 euros, que tienes que adquirir a la vuelta de la esquina. En la foto de arriba estábamos cogiendo los tickets, pero si luego compras un libro te los descuentan. Yo me compré uno de Lobo Antunes: Cartas de la guerra. Correspondencia desde Angola.



Esta es una visita muy, muy recomendable para los amantes de las librerías. Es preciosa. Y yo tan contenta que la puedo ya tachar de mi lista de "librerías pendientes".




jueves, 25 de mayo de 2017

Faro de Oporto




Cuando llegaba el buen tiempo nos gustaba cazar faros.

Al oeste de Oporto un mayo luminoso cazamos éste farol, cómo decían ellos.

Estaba situado justo en la esquinita de la desembocadura del Duero y antes de todas las playas de la zona llamada “Foz do Douro”. O cómo ellos decían en la freguesía de Foz de Douro.

Foz do Douro fue un antiguo pueblo de pescadores que con el tiempo se había convertido en una zona con mucho encanto de Oporto. Y al fondo, casi en el océano, estaba el pequeño y antiguo farol portugués: El Faro de Felgueiras. 

El elegido por las gaviotas, y por nosotros.





Se había construído en 1886 y estuvo funcionando hasta 2009. Tenía forma hexagonal y unos 10 metros de altura. Ahora solo quedaba su aviso sonoro para los días de niebla.

El lugar perfecto para fotografiar la desembocadura del Duero en el Océano Atlántico.



En paralelo al lugar donde estaba el Faro de Filgueiras había un largo espigón donde al final estaba otro faro que nunca tendría el porte y la elegancía del primero, el llamado Faro da Barra do Douro.

Cuando llega el buen tiempo, en este blog cazamos faros, y nos los guardamos para poder volver a ellos cuando queramos.

No por ello los faros pierden su porte, ni su dignidad, les gusta nuestra compañía. Altivos posan al fondo en nuestras fotos, mientras grandes olas chocan contra ellos y los bañan y los bañan.

Ellos, húmedos y brillantes, no dejan de sonreír.