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domingo, 16 de julio de 2017

De los principios...




A mí me gustan mucho los principios. 

Los principios de cualquier historia, cualquier momento, cualquier cosa. Porque entonces es cuando todo puede ocurrir, todo, absolutamente todo.

Un universo está por inventar.

Y después, mucho tiempo después, con solo evocar ese principio sonreirás.


¿Recordais estos principios?

El amor en los tiempos del cólera de Gabriel García Márquez
Era inevitable: El olor de las almendras amargas le recordaba siempre el destino de los amores contrariados.


Don Quijote de la Mancha, de Cervantes. “En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor. Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lentejas los viernes, algún palomino de añadidura los domingos, consumían las tres partes de su hacienda..."


 Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez.
“Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo.”


La metamorfosis, de Franz Kafka.
“Cuando Gregorio Samsa se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto.”


Lolita, de Vladimir Nabokov.
“Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos paladar abajo hasta apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo. Li. Ta.”


 Historia de dos ciudades, de Charles Dickens.
“Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, la edad de la sabiduría, y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación.


 La regenta, de Leopoldo Alas Clarín.
“La heroica ciudad dormía la siesta. El viento sur, caliente y perezoso, empujaba las nubes blanquecinas que se rasgaban al correr hacia el Norte.”


 Moby Dick, de Herman Melville.
“Llamadme Ismael. Hace unos años -no importa cuánto hace exactamente-, teniendo poco o ningún dinero en el bolsillo, y nada en particular que me interesara en tierra, pensé que me iría a navegar un poco por ahí, para ver la parte acuática del mundo.”


Rayuela, de Julio Cortázar.
¿Encontraría a la Maga? Tantas veces me había bastado asomarme, viniendo por la rue de Seine, al arco que da al Quai de Conti, y apenas la luz de ceniza y olivo que flota sobre el río me dejaba distinguir las formas, ya su silueta delgada se inscribía en el Pont des Arts, a veces andando de un lado a otro, a veces detenida en el pretil de hierro, inclinada sobre el agua.


 El extranjero, de Camus
Hoy ha muerto mamá. O quizá ayer. No lo sé. Recibí un telegrama del asilo: “Falleció su madre. Entierro mañana. Sentidas condolencias”. Pero no quiere decir nada. Quizá haya sido ayer.


La familia de Pascual Duarte, de Cela
Yo, señor, no soy malo, aunque no me faltarían motivos para serlo.


 El pájaro espino de Collen Mcullough
Hay una leyendo sobre un pájaro que canta solo una vez en su vida, y lo hace más dulcemente que cualquier otra criatura sobre la faz de la tierra.

jueves, 29 de junio de 2017

"Mas allá del invierno" de Isabel Allende




“En medio del invierno aprendí por fin que hay en mí un verano invencible”
Albert Camus


Anoche terminé de leer el último libro de Isabel Allende: “Más allá del invierno”.


Siempre que llega a mis oídos que hay un nuevo libro de esta autora me alegro. Tengo debilidad por sus personajes. Es verdad que después no todas sus historias me llegan de igual manera, obviamente, pero siempre me quedo con alguna de las vidas que ha inventado en él.


Esta historia enseguida me enganchó, tiene pocos personajes. Tres son los protagonistas: Lucía, una chilena alegre y vital, Evelyn, una joven guatemalteca frágil e ilegal y Richard, un maduro profesor universitario norteamericano.


El argumento de éste último libro de Allende cuenta como sus tres personajes sobreviven a un temporal de nieve que cae en Nueva York, y de pronto sus vidas que no tenían nada que ver, como consecuencia, de un accidente de tráfico se ven entrelazadas. La casualidad de su encuentro hará que sus vidas cambien.


La obra transcurre en la actualidad, entre Suramérica y los EEUU de Trump. Aunque para contar la historia la autora va rompiendo la linealidad del tiempo acudiendo al pasado de cada personaje para contarnos quién es. Siempre da buen resultado hacer saltos en el tiempo, la prosa se vuelve más ágil y entretenida y fluye mejor.


Con esta historia la autora aborda muchos temas importantes: la emigración, la multiculturalidad de los EEUU, y sobre todo la capacidad que tenemos dentro para “reinventarnos”, esa palabra tan de moda.


Me ha parecido una novela muy entretenida, de la mano de cada personaje hemos paseado por algunas de las realidades más terribles de nuestro tiempo: El golpe de estado de Chile, la situación de los pobres en Guatemala, el terrorismo y crueldad de las maras, el miedo, el desarraigo, la emigración, el alcohol, la pérdida de los seres queridos. La verdad es que gracias a la historia de cada uno de sus tres personajes principales hemos "vivido" mucho.

Como en otras ocasiones con la prosa rica de Isabel Allende he disfrutado. Aunque, es verdad, que no es de sus libros que más me haya gustado. Creo que es porque en ésta el personaje de Richard, el protagonista masculino, no me ha acabado de convencer. Sin embargo, me encantó su penúltimo libro, el de “El amante japonés”, me pareció una historia más entrañable, me transmitió más y algunos de sus personajes creo que estaban muy bien construídos y las relaciones que se establecían entre ellos eran mágicas, cómo no puede ser de otra forma con el realismo mágico de la autora.

Pero supongo que esto es cuestión de gustos, y habrá a quién le guste más éste último, con una temática mucho más actual. De todos modos, Isabel Allende siempre nos hace dar un paseo muy, muy agradable por sus historias con esa forma de contar suya tan sencilla y tan sentimental. 

Hay una cita por ahí que dice que somos los libros que leemos, y reconozco que mucho que hay en mí tiene que ser de los libros de esta autora porque no me he perdido ni uno solo de ellos y ya lleva unos cuántos. Desde que la descubrí con "Barrabás llegando por vía marítima..." no me he podido despegar de su forma de narrar tan dulce y tan atractiva. Me gusta mucho leer novelas de intriga y novela negra, pero siempre entre ellas vuelvo al último que haya sacado esta autora, sumergirme en su forma de narrar es como "volver a casa".

domingo, 26 de febrero de 2017

"El paciente" de Juan Gómez-Jurado




"Todos ustedes creen conocerme. Se equivocan. Llevo ya mil ochocientos veintitrés días, once horas y doce minutos en el corredor de la muerte. De ese tiempo he dedicado cada segundo que he pasado despierto a reflexionar sobre los hechos que me han traído aquí. Y no cambiaría ni uno solo de mis actos. (...) No soy un santo, ni un mártir, ni un terrorista, ni un loco, ni un asesino. Los nombres por los que creen conocerme están equivocados." 



Me he terminado "El paciente" de Juan Gómez-Jurado y me ha parecido una novela entretenida y bien construida. Recomendable para evadirse.

No había leído nada de este autor y ya me lo apunto para otras incursiones en su literatura.

Pero vamos primero al argumento: Julia, la hija de David Evans, un prestigioso neurocirujano, ha sido secuestrada. No hay rescate, sino una orden: que el próximo paciente al que tiene que operar el Dr. Evans no salga vivo. El próximo paciente es el Presidente de los Estados Unidos.

A partir de aquí la novela empieza a coger carrerilla y ya no termina hasta el desenlace.

Supongo que el tema de este thriller está claro ¿no? ¿Qué serías capaz por recuperar a tu hija? ¿Y cuando eres médico y te piden no salvar una vida? Pero se tocan mucho más temas. Otro dilema es el de la cuñada, que tiene también que enfrentarse con otro dilema moral. Y además se habla de la sanidad estadounidense, de las adopciones, del amor correspondido y el no correspondido, del amor entre hermanas... Muchos temas. 


Espacial y temporalmente la historia se sitúa en Estados Unidos, y son 63 horas.


Los personajes están bien perfilados. Son creíbles. Sobre todo los dos protagonistas El Dr. Evans, bien descrito en sus claroscuros, sus dilemas, sus sentimientos encontrados... Y White, el psicópata de la historia, que es sobre todo eso: cruel. También está Kate, que también tendrá bastante protagonismo, la cuñada del Dr. Evans. Y su suegro, su hija... Y por supuesto el Presidente de EEUU, la Primera Dama, y algún que otro menos relevante.

La novela tiene un arranque muy bueno, cuando comienza sabemos que el protagonista está en el corredor de la muerte: ¿Lo ha hecho, o no lo ha hecho? ¿Qué ha pasado?

Está contada desde el punto de vista del Doctor Evans, aunque a partir de un momento dado también hay capítulos desde la perspectiva de Kate, su cuñada que se verá envuelta en la trama totalmente. Se alternan la primera persona con la tercera. Dos o tres capítulos más pequeños nos darán la visión del "malo" de la historia. Estos cambios en el narrador, nos ayudarán a saber mucho más sobre ellos: sus motivaciones, su pasado, y por supuesto su lugar en esta historia.Y también aportan agilidad en el narrador.

Es una novela de intriga con un ritmo muy ágil, casi trepidante a medida que vamos avanzando. A mí me ha gustado mucho el comienzo que tiene tan bueno y después el final donde te da varios giros, aunque hay algo que me ha chirriado un poco, el destino de White. Pero no quiero destripar nada, así que no os cuento más de ello.

Un lenguaje de frases rápidas, concisas, directas. Se nota que el autor se ha documentado bien, lo cual es de valorar. Me han gustado especialmente los parrafos dedicados a la operación:

"Cuando entras en un quirófano donde acaba de hacerse una craneotomía percibes un olor especial. Por encima del desinfectante, de los productos químicos, de tu propio sudor. Es el olor de hueso cortado y de sangre. Cuando lo percibes, sabes que una parte del paciente ha entrado en ti y ahora forma parte de ti. Es un lazo que mantendréis siempre. Puede sonar enfermizo y espeluznante, y por eso los cirujanos no solemos hablar de ello. Pero no es menos real."

En fin, que es una novela de intriga que, al menos a mí, me ha atrapado. Es muy entretenida. Te ves envuelto en la historia y tienes que leer y leer para ver cómo termina. Creo que está bien estructurada y construida. 

Seguiré leyendo a este autor.


AUTOR
Juan Gómez-Jurado es un escritor y periodista español, nacido en Madrid en 1977. Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad San Pablo CEU, ha ejercido su  carrera profesional en las redacciones de Canal Plus, Cadena SER, diario ABC, TVE y La Voz de Galicia. Colabora con las revistas Qué Leer, JotDown Magazine y New York Times Book Review y participa en programas de radio y televisión. Ha ganado diversos premios literarios por sus relatos. Tras el éxito internacional de Espía de Dios consiguió ver su sueño cumplido, dedicarse de lleno a contar historias.

sábado, 11 de febrero de 2017

Presentación de la novela "Tiempo de orquideas" de David Lerma Martínez



David Lerma Martínez

"24 de enero

UNA VACA, dos ovejas, seis perros (cuatro de ellos callejeros), un burro y dos gallinas, era el saldo de atropellos ocurridos en las vías de la red nacional de ferrocarriles aquel lunes frío y como sin dueño. Doce animales muertos. Más que muertos, descuartizados, que a él le pesaban lo justo, como si fueran familiares lejanos a los que no veía hace tiempo y de los que, una tarde desapacible, desde una provincia apartada, alguien informaba que acababan de fallecer. Una docena de bestias menos que sumadas a las veintitrés del fin de semana (trece el sábado, diez el domingo), hacían un total de treinta y cinco. Treinta y cinco animales triturados por las ruedas de un tren instantes después de que pastases en un campo adyacente, o aplacasen su sed en un arroyo, sin saber que sería la última vez. Porque los animales no sabían que había una última vez. Contaban con esa ventaja. (...)"

Pág 11 y comienzo de la novela.



El pasado 23 de enero en Libertad 8 se presentó la novela "Tiempo de orquídeas" de David Lerma Martínez.

La novela está editada por Poeta de Cabra Ediciones, en la colección Growl. Narrativa.

Junto al autor estuvimos:
- Los editores Agustín Sánchez Antequera que saludó y despidió el acto. José María Herranz que intervino con una presentación sobre la obra y el autor desde el punto de vista de la editorial.

- Javier Díaz Gil, coordinador de la tertulia literaria Rascamán y poeta, también estuvo presente e intervino puesto que David Lerma es compañero de tertulia desde hace veinte años y literariamente ha crecido en la tertulia.

- Después, por supuesto, habló el narrador que nos estuvo comentando de dónde surgió su novela, qué obras literarias y autores la han inspirado o han influido en ella, también habló de la literatura en general, y concretamente de las coordenadas espacio temporales de "Tiempo de orquídeas" (comienza justo cuando la matanza de los abogados de Atocha, que curiosamente ocurrió el día después -24 de enero pero de 1977- al que se presentaba la novela), de sus personajes, del tema, del argumento. En fin, hizo una reseña de la misma.

"Tiempo de orquideas es la primera novela publicada por el joven autor David Lerma Martínez. Se trata de un fresco sobre la eternamente  inconclusa Transición española. La historia arranca el día del asesinato de los abogados de Atocha en enero de 1977, en Madrid, protagonizada por Miguel Soto, un oficinista anodino en el gris paisaje del posfranquismo, que esconde un pasado doloroso, y por Soledad, la nueva compañera de trabajo con la que entabla una relación especial. Nadie es quién aparenta ser en esta turbia novela donde los acontecimientos recientes y no tan recientes de la historia española -la posguerra y la transición- se entrecruzan y solapan..."

Y finalmente el autor me pidió que interviniera yo leyendo dos fragmentos de la misma. Y leí el comienzo de la misma y otro fragmento más ya muy adelantada la novela. Fueron dos textos escogidos por el autor, que quería que los allí presentes pudieran  escuchar de qué estábamos hablando.

Yo quería dejaros con algunas fotos, y vídeos de esa día. También os copio parte de los extractos que yo leí.

Disfrutamos mucho de y con la literatura gracias a David Lerma, que es un fantástico narrador, y a su "Tiempo de orquídeas".


"Había llegado el momento de decidirse. A mí no me valía con mirar al otro lado: existe una cosa que no tiene ojos y ve, que no tiene alma pero siente, que duele sin estar enferma: se llama conciencia.
Todos mis anhelos se resumían en uno: que ni yo ni nadie tuviese que suplicar por un plato de comida porque era lo mismo que ser un exclavo. Pasar hambre es la forma más cruenta de esclavitud que pueden imponernos. Si pasas hambre, pasas miedo. Si pasas miedo, eres desdichado. Si eres desdichado, no eres libre. Y nosotros queríamos ser libres. Mamá: nada me importaría tanto como que entendieses que nuestro propósito era noble, yo creo que humanitario, un acto de justicia suprema, ¿no lo crees tú así...?
Pero no pudo ser. Y no pudo ser porque nos engañaron. (...)"

Pág. 240



Javier Díaz Gil, José María Herranz y Agustín Sánchez Antequera (De izda. a dcha.)

Javier Díaz y José María Herranz
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Javier Díaz Gil y José María Herranz
David Lerma y yo, Rocío Díaz
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Unos poquitos compañeros de la tertulia Rascamán. De izda a dcha: Javier Díaz Gil, Ana Gonz, David Lerma, Rocío Díaz, Marisol Elizari, Alma Pagés, que casi no se la ve, José Mª Herranz y Alberto Ramos.


martes, 7 de febrero de 2017

"El padre de Rapunzel" de Arturo Pérez Reverte









Me ha gustado mucho este artículo, así que lo comparto con vosotros. Es de Pérez Reverte.

El padre de Rapunzel



Acabo de darme una vuelta por la cuesta Moyano de Madrid, deteniéndome a charlar con los viejos amigos de las casetas, y camino sin prisas, dando un paseo con el botín de la jornada en una bolsa de lona. La mañana de caza no ha estado mal: un par de libros útiles para documentar un episodio de la segunda novela de Falcó, que va por su quinto capítulo sin problemas dignos de mención, y también, aunque ya están en mi biblioteca, El asesinato de Rogelio Ackroyd, de Agatha Christie, Las hazañas del brigadier Gerard, de Conan Doyle, y el volumen de obras completas de Wodehouse sobre Bertie Wooster y su mayordomo Jeeves; libros estupendos que cada vez que me tropiezo con ellos compro para regalar a algún amigo. Total del gasto, y eso que el de Jeeves es caro, 59 euros. Para que luego vengan diciendo los que nunca leen –y no sé cómo lo consiguen– que los libros cuestan demasiado y que la perra vida no tiene analgésicos.


Paseo, como digo, con mi biblioteca portátil en la mano, camino de la terraza de un café para echar un vistazo tranquilo a las alforjas, cuando me cruzo con un grupo de niños de ambos sexos acompañados por algunos padres y madres. Los críos tendrán entre los seis y los ocho años. Debe de haber alguna fiesta escolar cerca, porque todos llevan disfraces. No soy nada ducho en iconografía infantil, pero reconozco a alguno de los personajes homenajeados: uno va de Mario Bros y otro de Bob Esponja, emparedado entre dos cartones pintados de amarillo. Me los quedo mirando con una sonrisa, porque incluso esos días en los que uno se levanta, oye la radio, hojea los diarios, mira el mundo y piensa que no habría nada más grato que olor a napalm por la mañana, los niños y los perros siempre se salvan. Los dejas aparte. Lo de los críos es más discutible porque luego crecen, se parecen a los padres y se convierten, a su vez, en buenos candidatos al napalm. Pero de momento, a esa edad, aún te remueven cosas. Como los perros, ya digo. Los niños, con su lógica implacable y su honradez intelectual, aún están a la altura de esos chuchos nobles y leales. Todavía te ponen blandito por dentro.

El caso es que estoy viendo pasar el grupillo de enanos, y hay una niña que viene algo más retrasada, junto a uno de los padres. Lleva un vestido violeta y una larga peluca rubia de Rapunzel, y camina algo entorpecida por el ruedo de la falda. Y de pronto, otro de los críos se vuelve y le grita: «Venga, Carlos, que llegamos tarde». Entonces veo que Rapunzel hace ademán de acelerar el paso, le miro bien la cara y descubro, o comprendo, que no es una niña sino un niño. Ignoro si la sorpresa se me refleja en la cara o no, pero lo cierto es que lo miro –la miro– con discreta curiosidad. Y en ese momento, mi mirada se cruza con la del padre que camina a su lado. Es un hombre todavía joven, bien vestido. Nos observamos durante unos segundos. Ignoro si me reconoce o no, pero acto seguido tiene una reacción rápida, casi brusca. Extiende una mano, coge la de su hijo y me sostiene la mirada con aire desafiante. Sigo mi camino, y él y su hijo siguen el suyo. Y me alejo dándole vueltas a la mirada de ese padre, entre otras cosas porque, a partir de cierta edad y con ciertas cosas en la mochila, uno sabe interpretar miradas como ésa. Y la que el padre de Rapunzel me dirigió era elocuente. Atrévete a sonreír, decía sin palabras, y te arranco la cabeza.


Y oigan. No tengo ni idea de pedagogía, ni de aficiones a tal o cual disfraz, ni de hasta qué punto un crío de ocho años disfrazado o travestido de chica entra en los cánones convencionales de la normalidad de sexos, o se sale de ésta. Ni idea. No sé si eso es bueno o malo para él, e ignoro si un padre que accede a que su hijo se disfrace así hace lo correcto, o no lo hace. Opinar sobre ello no es asunto mío. Todo ser humano es un mundo; y cada familia, un laberinto de afectos y esperanzas, un territorio complejo que resulta estúpido juzgar de forma superficial, desde fuera. De lo que sí estoy seguro es de que hace falta mucho amor y mucha entereza para acceder a que un hijo tuyo, nacido varón, vaya a una fiesta escolar cumpliendo su ilusión de vestirse de niña. Y, lo que es aún más importante, acompañarlo con paso firme y la cabeza bien alta, dándole la mano, protector, cuando temes que alguien pueda mirarlo con burla o desprecio.


Así que rectifico. No sólo críos y perros. También, si uno se fija, hay adultos que se salvan y nos salvan. Porque no me cabe duda: si yo fuera un niño al que le hiciera ilusión vestirse de Rapunzel, querría tener un padre como ése.
__________
Publicado en XL Semanal el 5 de febrero de 2017.

sábado, 28 de enero de 2017

"Todo esto te daré" de Dolores Redondo


«-¿Me considera un monstruo, señor Ortigosa? ¿Cree que soy cruel? Pues piense una cosa: si mi marido puso a Álvaro al frente de nuestra casa no fue por su buen corazón, sino porque en él se aunaban esa capacidad de crueldad y fuerza necesarias para salvaguardar la heredad, nuestra estirpe y lo que eso significa, a cualquier precio. (…) Su padre sabía que cumpliría porque ya lo había hecho antes, haría todo lo necesario, fuera lo que fuese y así lo hizo». (Página 299)


Terminé de leer "Todo ésto te daré" de Dolores Redondo. Me pareció una novela de lo más entretenida. 

No era la primera vez que leía a Dolores Redondo, ya hemos hablado en este blog de su trilogía del Baztán, e incluso hay una entrada que hice sobre los pueblecitos del Valle del Baztán y por tanto los rincones de los que habla en su trilogía. 

Creo que a partir de ahora no me voy a perder ninguna novela de esta autora. Son al mismo tiempo de misterio pero sentimentales e intimistas.

"Todo esto te daré" ha sido el último Premio Planeta. Y con la concesión a esta novela mi opinión sobre este premio tan nombrado ha ganado puntos. Y eso que he leído también críticas negativas de ella, muy negativas, pero yo no estoy de acuerdo.

El argumento de la novela es el siguiente: Un famoso escritor recibe la noticia de que su marido ha muerto en un accidente de automóvil en Galicia, un lugar donde no debería estar. De inmediato, se traslada a la Ribeira Sacra para averiguar lo qué pasó.

El tema principal de la novela es el dolor ante la pérdida de un ser querido, pero también aparece la codicia, las diferencias sociales, los celos, los prejuicidos, la homofobia... Muchos temas. Hasta la literatura.

«Leer fue la fortaleza en la que defenderse mientras se batía en una guerra perdida contra el instinto exultante de su sexualidad. Leer era una defensa, un escudo con el que armar de recursos su timidez para relacionarse. Pero escribir era infinitamente más que eso. Escribir era el palacio interior, los sitios secretos, los lugares más bellos formando parte de un conjunto de ilimitadas estancias que él recorría, riendo, corriendo descalzo, deteniéndose a acariciar la belleza de los tesoros que allí albergaba». (Página 41)

Como vemos se abren interrogantes nada más comenzar la novela. Es una novela de secretos y misterios que habrá que ir resolviendo. Reconozco que a mí me entretenienen mucho este tipo de novelas. El ritmo de la narración yo creo que está conseguido, a mí rápido me atrapó. Aunque creo que es más ágil en la segunda mitad de la novela. En la primera se entretiene más en las dudas del protagonista, en sus recelos, en su mundo interior y la lectura se hace más lenta. A veces la prosa de la autora se hace incluso poética, a mí me gustan las imágenes, en mi opinión se enriquece la prosa. Pero claro quizás a todos los lectores y más a los gustosos de las novelas de intriga les parece que esos giros en la prosa vuelven más lenta la acción.

 "La atmósfera fría del exterior, en la que la niebla se había cerrado bajando considerablemente la temperatura, había transformado la luz de las farolas del acceso vecinal en fantasmagóricos derviches que, como integrantes de una santa compaña, arrastraban sus penas por los caminos"


Hay una trama principal que es la muerte de Álvaro Muñiz de Dávila, el marido del protagonista que se llama Manuel Ortigosa y es un reconocido escritor. Y después la autora ha creado varias subtramas con los hermanos y demás familiares y allegados. Los personajes principales en su mayoría son masculinos, en contraposición con la trilogía del Baztán donde eran femeninos. Me han parecido en general bastante creíbles. La mayoría pertenecen a una familia gallega de raigambre y apellidos compuestos. 

Transcurre la acción en la actualidad y en Galicia, exactamente en la Ribeira Sacra. De lo mejor en la novela es la ambientación, como ocurría también en su famosa trilogía. La autora sabe recrear muy bien los paisajes, los lugares de esta región entre Orense y Lugo. Dan ganas de ir corriendo a conocerlos. Y cómo yo nunca he estado no os extrañe si hago una escapadita para allá, porque los describe de tal forma que es cómo si los pudieras estar contemplando y sabes que te estás perdiendo algo.

En cuando al narrador, es en tercera persona. Y está dividido en 47 capítulos precedidos por un título. Es una novela larga, tiene seiscientas páginas. A mí no se me ha hecho larga, la verdad es que como os decía me parecía muy entretenida, y los personajes me parecían muy interesantes. Quizás podría acortarse algo, eliminar algún personaje, o alguna subtrama, porque sí que es verdad que gana a medida que vas leyendo porque la autora se va centrando más en el misterio principal y van ocurriendo más cosas, dosifica mejor en esta parte la intriga, resolviénose poco a poco los interrogantes, con lo cual aumentan las ganas de leer más. 

Y desde luego mí me gusta mucho cómo termina, quizás lo tachen de sentimental pero a mí me parece que termina redondo, con la frase que tenía que terminar. 




domingo, 22 de enero de 2017

"Anatomía de un hombre pez" de Eduardo Bieger Vera



BOCETO SOBRE FONDO AZUL

Como dice Carl Sagan "esta historia es sobre los humanos que son humanos". Transcurría el verano de 1989 -un calor asfixiante, tal y cual...- y allí estaba yo, con mi bañador color mandarina, mi colchoneta (a los ocho años, cualquier objeto lúdico o de interés iba perecedido de un mi) y el barniz epidérmico propio de un crío que disfrutaba de un mes de vacaciones en la playa, Y es que, de niño, el periodo estiv al no sólo era sinónimo de ociosidad, sino una profundización en el concepto de recreo..."

Pág. 15-

Terminé de leer "Anatomía de un hombre pez" de Eduardo Bieger Vera.Y lo hice con una sonrisa.

El título prometía y no me ha decepcionado.

Me gustó ese título tan sugerente en cuánto lo conocí, después me gustó mucho el índice del libro. Los títulos son muy importantes, pero los índices son muy ilustrativos de lo que nos vamos a encontrar después y a mí me gusta leerlos despacio antes de comenzar la novela. 

Las escamas, la piel, las espinas, los restos y reflexiones de un hombre pez. Esas son las cinco partes de esta novela. Así la ha estructura el autor. ¿No me digáis que no son sugerentes? En cuánto las leí, me sorprendieron gratamente. De fuera a adentro, me dije. Y es verdad que en la novela hemos ido avanzando en la historia, en el conocimiento de los personajes de esta familia así, de fuera a adentro.

El libro me había llegado a mi buzón semanas antes. El autor, como os decía, es Eduardo Bieger Vera. A quién tuve el placer de conocer porque nos premiaron en el mismo certamen de relato hace muuuuuchos años. Siempre nos quedará Motril.

Me gustó mucho que Eduardo contactara conmigo para enviarme su novela. Yo sabía que estaría bien escrita, lo sabía antes de empezarla.

La novela fue II Premio Internacional de Narrativa "Novelas ejemplares"Facultad de Letras de la Universidad de Castilla La Mancha.

El argumento nos cuenta los avatares de una familia española de clase media a mediados de los ochenta. Nos cuenta el paso del tiempo sobre ellos.

Los personajes están tan bien caracterizados que no cuesta nada verlos moverse y hablar.  Comenzando por el hijo pequeño, un niño de ocho años, vivaz, y atento al mundo. Sus hermanos, Rafa y Miriam, dos adolescentes con su típicos de problemas de no encontrar su lugar en el mundo y enamorarse de quién no les hace caso... Los abuelos, esos abuelos con los que se compartía tanto viviendo en el mismo apartamento en el verano, amontonados. El padre Alberto que cuando comienza la novela está "de Rodríguez" en la ciudad mientras su familia está en la playa, y su mujer que está en plena crisis de madurez.

OBSERVACION EXTERNA, RÉGIMEN INTERIOR

Mi padre en Madrid, trabajando, mi madre echándole de menos, mi hermana sin parar de leer, mi hermano fumando Bisontes a escondidas con los amigos, y los abuelos paseando cogidos de la mano hacia el infinito. A simple vista eso era todo, sin más. Y es que de niño, solo existe lo que uno percibe, que ya es mundo, a veces incluso todo, y a lo sumo lo que unoimagina respecto de lo percibido, pero no lo que uno piensa sobre lo evidente; esa improductiva fase se intensifica a medida que uno madura. (...)
Pág. 19.

 Ambientada en esa España de finales de los ochenta, pero muy bien ambientada, porque al leer la novela sonreía visualizando muchas escenas como si las hubiera vivivo, de tan bien contadas, tan visuales, tan parecidas a otras que viví o pude haber vivido.

La prosa del autor es amena, con muchas pinceladas de humor. A veces irónica, a veces casi diseccionando el lenguaje. Está contada en primera persona. Pero aunque comienza contándolo el hijo más pequeño, el niño de ocho años, os he copiado el comienzo de la novela al principio de la entrada, después se disgrega en un caleidoscopio de voces. Cómo va transcurriendo la historia de la familia nos lo contará cada vez un miembro de la familia. Está muy bien llevada la trama gracias al multiperspectivismo, vemos el verano desde la voz, desde el interior, de los distintos personajes.

Por otra parte los diálogos me han gustado muchísimo. Son frescos, naturales, le dan un buen contrapunto a los párrafos en prosa y reflejan fenomenal las relaciones entre los miembros de la familia:

- Abuelo, ¿has matado alguna vez a alguien?
-¿Y tú, de qué equipo eres?
-¿Por qué siempre contestas lo mismo?
-Prueba a hacer otra pregunta y verás como respondo algo distinto.
-Pero estuviste en la guerra.
_Sí.
-Cuéntame cosas de la guerra, abuelo.
-Vivir una guerra es peor que lo peor que puedas llegar a imaginar. Las personas matan sin saber por qué, probablemente por miedo a morir a manos de aquellos a quiénes arrebatan la vida. Si en alguna ocasión conversas con alguien que intenta justificar no ya una guerra, sino una sola batalla, no le escuches, no discutas, da media vuelta y aléjate, por que no están dialogando con un ser humano, sino con una bestia.
-O sea que el motivo de las guerras es el miedo... pero mucha gente no lo tiene.
-Es cierto. El miedo es más el efecto que la causa. 
-¿Entonces?
- ...
Pág. 87-

Lo dicho. Me parece que el autor ha escrito unos diálogos de lo más logrado.

Aunque tengo un "pero", me refiero a la última parte del libro: "Reflexiones de un hombre pez". No sé si acaba de gustarme mucho... La novela se podía haber terminado perfectamente, en mi opinión, al final justo de la parte anterior. Me encanta ese diálogos entre los hermanos.

¿Cuánto añade la última parte? me he preguntado varias veces. Por otro lado me gusta el juego del paralelismo con el mundo de los peces. Me gusta el razonamiento por el que se llega a la conclusión de que en realidad estamos tan solos como ellos, aunque sea en familia, porque sufrimos la soledad de manera solidaria...

En fín, que ésta última parte me ha causado perplejidad. Lo que tampoco, ahora que lo pienso, está mal.

"Anatomia de un hombre pez" de Eduardo Bieger Vera. Una novela sobre las familias de los ochenta bien escrita, con la que te identificas, y que te deja una sonrisa ¿nostálgica?, cuando la terminas.


Anatomía de un hombre pez
Eduardo Bieger Vera
Editorial Verbum

jueves, 13 de octubre de 2016

Fernando Beltrán, Premio de las Letras de Asturias 2016







"Fernando Beltrán, Premio de las Letras de Asturias 2016" 

dice la noticia. Y yo que la leo, me alegro sin querer, porque Fernando Beltrán es uno de mis poetas y mis narradores.

He dedicado varias entradas del blog a sus poemas, o a su faceta de "nombrador", su libro "El nombre de las cosas" donde cuenta como llegó a su ejercer su vocación de nombrar las cosas (Amena, Faunia, Opencor...), me encantó, también hay reseña en este blog de él.

Fernando Beltrán (Oviedo, 1956) ha sido galardonado con el Premio de las Letras de Asturias 2016, que concede la Asociación de Escritores de Asturias, presidida por María Esther García López. El Premio de las Letras de Asturias se concede a un autor nacido, residente o vinculado a Asturias, cuya obra suponga una aportación especial a la literatura.

sigue diciendo la noticia.  Y hasta mí llega el eco de algunos de sus poemas: 

 

EL CAJÓN DE LOS CUCHILLOS

Vendimos unas cosas, regalamos otras.

Repartimos algunas.

Mal que bien transitamos los armarios
que creímos el trago más dificil.

Pero las tallas de la muerte engañan.

Cuando nos probamos las chaquetas del amigo
y vimos que una a una nos quedaban muy grandes
o demasiado estrechas, nos dió por sonreír.

Respiramos tranquilos.

Con más o menos daño,
más o menos dolor aquí o allá,
los zapatos supieron paso a paso
ponerse en situación.

Los discos y los libros, sin embargo,
fueron un golpe seco, pero hermoso
recordando sus gustos, sus regalos,
aquel día, aquel tiempo, aquella vez.

Todo avanzaba bien.

hasta llegar al juego de cuchillos, amaba cocinar,

la compra más jugosa de su último viaje.

Relucientes y afilados, cada vez más afilados.
Un silencio cortado poco a poco
en lágrimas muy finas, sin mandil.

El cajón imprevisto.







Está a mi lado
y tiembla como yo.

No nos decimos nada.

Somos
un paisaje tan sólo
apoyado en la barra de un instante
tan extraño y tan cierto.

Mirándonos así.

Sin valor.
Sin volar.

Sin atrevernos.

Sin siquiera acordarnos
que el mar era un silencio
que se curó con olas
……………….
Del libro La amada invencible. Oviedo, KRK, 2006




http://rociodiazgomez.blogspot.com.es/2016/04/un-poema-de-fernando-beltran.html

http://rociodiazgomez.blogspot.com.es/2016/03/dia-mundial-de-la-poesia-fernando.html

http://rociodiazgomez.blogspot.com.es/2015/12/hotel-vivir-de-fernando-beltran.html

 http://rociodiazgomez.blogspot.com.es/2016/05/el-nombre-de-las-cosas-de-fernando.html


miércoles, 5 de octubre de 2016

Un artículo sobre Valle Inclán



Me ha gustanto tanto este artículo sobre Valle Inclán (este año se conmemora el 150 aniversario de su nacimiento) de Xosé Carlos Caneiro, en el periódico La voz de Galicia, que he querido compartirlo con vosotros. 

A ver qué os parece.






A VOZ DE GALICIA, 24 de septiembre de 2016

Valle-Inclán y el país mezquino

Xose Carlos Caneiro
 
Era carlista por estética, decía. Después quiso ser revolucionario. Coincidió este tránsito con la escritura de una de sus obras magnas: Luces de bohemia. No fue la única. Sus textos están escritos con pluma de ruiseñor, armónica y rutilante. Era y es gallego, aunque nadie lo recuerde. Al final de su vida decía ser comunista y no me extraña. En aquella España, cuando la República no era menos mediocre que la dictadura de Primo de Rivera, huir de las mayorías otorgaba un hálito distinguido. Algún día habría que hablar de la idílica república que tantos recuerdan con afán reivindicativo. No fue para tanto. Pero hoy no escribo de política: corro el riesgo de convertirme en ellos, ser como ellos, parecerme. Son los héroes del presente. Se habla más de Pablo Iglesias, Rivera, Sánchez y Rajoy que de la gente verdaderamente importante. Y menos, casi nada, de los imprescindibles. Este año se conmemora el 150 aniversario del nacimiento de Valle-Inclán, el centenario de Cela y los 400 años de la muerte de Cervantes. Qué importa. Aquí lo que se celebra es la política. Y así nos va.

Dejémoslo. Hoy quiero escribir de un genio mayúsculo. Probablemente uno de los escritores más importantes de la historia de la literatura universal. Digo otra vez que era gallego. Escribía tan bien que a uno, y no lo niego, le han dado ganas de ponerse a aplaudir después de leerlo. En sus principios escribía desde la nostalgia. Pero terminó siendo el crítico más áspero de los tiempos que le tocó vivir. La realidad no le agradaba y por eso la distorsionó en el Callejón del Gato, donde todo se veía como en realidad era: deforme y grotesco. Fue antiburgués porque fue libre. Y carlista, también. Y comunista. Pero qué importa eso. Nada de lo que fue puede menguar la grandeza de su obra. Sus párrafos son de una exquisitez inaudita. Comenzó escribiendo las Sonatas y terminó redactando novelas que son poemas (¿Ha leído usted La corte de los milagros? Es tan espléndida que en verdad comprendemos el significado exacto de la palabra maravilla). Después de Valle-Inclán todos querían ser Valle-Inclán, aunque ninguno lo ha conseguido. El modernismo literario tiene en él la cúspide. Con Joyce y Proust. Lo demás son sombras a su lado. En ninguno de sus libros falta el talento.

Escribía de oído: eso que no saben hacer la mayoría de los redactores de historias con los que nos castiga el presente. Escribía teatro, pero en realidad solo escribió poemas que eran novelas (los personajes dialogaban para matar el tempo narrativo).

Valle-Inclán es tan formidable que en esta columna solo quiero reivindicarlo. Reivindicarlo frente a la bajeza política. Frente a la literatura de la bajeza. Frente a esta contemporaneidad que niega lo sublime y ensalza a los necios y majaderos. Era gallego, insisto. Y español. Que este 2016 pase de largo sobre Valle-Inclán y su obra es el síntoma evidente del país que somos: mezquino y gris.

lunes, 3 de octubre de 2016

"Lugares que no quiero compartir con nadie" de Elvira Lindo





“Soy neoyorkina por la familiaridad que siento ya con la ciudad, y soy extranjera porque no tengo raíces aquí”.

Vamos a retomar el blog, y las reseñas de los libros que voy leyendo con “Lugares que no quiero compartir con nadie” de Elvira Lindo.

Cómo tenía previsto viajar por segunda vez a Nueva York, me apetecía leer mucho libros que hablaran de la ciudad, que me descubrieran lugares que yo no supiera que había que conocer. Y elegí dos libros, éste de Elvira Lindo que vamos a reseñar ya y uno de Enric González que reseñaremos otro día.

Pues bien, me han gustado mucho los dos.

“No es país para viejos, afirman con frecuencia, y lo hacen como si fueran los primeros en pronunciar la frase mientras tomamos un café con tarta de queso italiana en el Café Reggio, que se encuentra en el corazón del área de la Universidad de Nueva York. Cuántas afirmaciones no habré escuchado yo sentada en uno de estos viejos sillones de terciopelo y respaldos trabajosamente torneados. Cuántos de esos juicios implacables que se emiten tras observar la ciudad de manera superficial me han dejado preguntándome si la imagen de las ciudades o de los pueblos no depende de cuatro tópicos construidos y asumidos colectivamente por visitantes que llegan, pasan una semana y quieren marcharse a casa con un equipaje de opiniones rotundas. El hecho de que tantas veces se haya repetido esta misma conversación en el Reggio, un café de 1920 que se jacta de haber iniciado a los neoyorquinos en el arte del capuchino, tiene su porqué: se encuentra a un paso de Washington Square, en el West Village, cerca del Soho, a un paso deTribeca, en el centro del itinerario que suele patearse el visitante. Es aquí mismo donde descubre, entusiasmado, que Nueva York es también un entramado de callecillas con casas relativamente bajas, en el que todo parece estar hecho para enamorar al recién llegado: las pastelerías, las pequeñas boutiques caras pero con un encanto negligente y alguna librería, como Tree Lives, en la que parece que están a punto de entrar o acaban de irse Lou Reed o Patti Smith. Recuerdo haber pasado infinidad de tardes aquí, en el Reggio, divagando con los visitantes sobre el alma de la ciudad (o incluso sobre la del inabarcable país), escuchándolos sobre todo a ellos, sintiéndome cada vez más incapaz de afirmar o negar,porque según ha ido pasando el tiempo me he dado cuenta de que conocerla es aceptar que la desconoces, que hay algo en su más íntimo mecanismo que te es ajeno, de la misma manera en que uno siempre es un extraño sentado a una mesa entre los miembros de una familia que no es la tuya, por muy sincero que sea el cariño o la cercanía.”

“Lugares que no quiero compartir con nadie” de Elvira Lindo es un recorrido vital por la ciudad de la mano de esta autora que supongo que ya todos sabemos que ha vivido allí muchos años porque a su marido, el también escritor Antonio Muñoz Molina le hicieron Director del Instituto Cervantes.

No es la primera vez que leo a esta periodista y novelista, me gusta mucho su estilo directo, fresco, sencillo pero no exento de profundidad e intensidad si lo requiere el argumento. Por supuesto no es igual una novela que este caso, que podría denominarse de alguna manera “libro de viajes”, pero aún así también me ha gustado mucho por varias razones. 

En primer lugar, porque está escrito en primera persona pero no solo desde el punto de vista formal, sino en primera persona de forma íntima y personal. La autora te cuenta de su biografía en sus paseos por Nueva York, y lo hace desvelando mucho de su vida con su familia, con su marido Antonio, con sus tres hijos: Arturo, Miguel y Antonio, sin importarle “desnudar su intimidad” de alguna forma al lector. Esto hace que la lectura se vuelta más familiar, más entrañable.

Vemos Nueva York por los ojos de Elvira Lindo, que vive en el Upper West, y que te muestra la ciudad con sus paseos diarios con su perra Lolita o con sus allegados. Y al hacerlo te muestra sus recuerdos y anécdotas, ahondando en pensamientos y sentimientos. Humanizando la ciudad.

Por eso tan pronto estamos en los trágicos sucesos del 11 de septiembre de 2001 vividos en Nueva York por nuestros protagonistas, como estamos en la polémica que suscitó su pregón en Barcelona en el año 2006. Tan pronto estamos hablando de los problemas de ansiedad de la autora y que la lleva a la consulta de un especialista cada semana, como de la caída que tuvo en su ascensor, uno de esos que lleva ascensorista, que deja a varios de sus vecinos preocupado hasta tal punto que no dudan en llamar a su puerta una y otra vez para ver como evoluciona.

Cómo ya hemos dicho el tono de este libro es intimista, sencillo, efectivo desde luego, porque te identificas con la autora en sus momentos dramáticos, pero también te ríes con ella en los momentos cómicos y absurdos que vive. Y aunque espacialmente no salimos de Nueva York y alrededores, temporalmente va dando saltos, como siguiendo el hilo caótico y narrativo de los pensamientos de la autora, el hilo de sus recuerdos que tan pronto son más antiguos cómo más modernos. 

Supongo que quiénes ya hayáis leído a esta autora ya sabéis, y si no es así os lo digo, que su estilo literario aúna la ironía con la ternura perfectamente. Gracias a la conjugación sabia de ambos ingredientes, te hace partícipe de sus historias, te hace cómplice. En este caso hay momentos que se cuentan casi hilarantes, como el que os he comentado del ascensor, pero en general no es un libro divertido. Tiene un poso melancólico. Un tono profundo, sereno.

Elvira Lindo te muestra de Nueva York sus lugares preferidos, sus restaurantes, sus tiendas, sus calles, lugares cotidianos en su vida diaria. Te muestra tanto estos lugares menos conocidos, más anónimos pero muy sentimentales, como los más públicos como el Museo de Historia Natural, o el parque High Line, o la ribera del río Hudson, que también en su caso tienen su carga sentimental.

A mí me ha gustado especialmente cuando habla de las casas de algunos autores como su visita a la casa de la autora de Mujercitas, Louise Mary Alcott, o la casa de Luis Armstrong. Cuando lo leía me entraban ganas de salir corriendo a conocerlas. Me han gustado mucho las referencias literarias de sus paseos, no en vano tanto ella como su marido se mueven en este ambiente. Las referencias a la familia de Lorca en el exilio, por ejemplo. Paseos literarios que conllevan deferencia, respeto. Me gusta mucho cómo los trata.

Acompaña la autora su relato autobiográfico con una guía de lugares al final.

Y desde luego me ha gustado mucho cómo ha finalizado el libro, con esa alusión más extensa a la dedicatoria del libro: A Antonio, porque donde está él está mi casa. Precioso. El final, desde luego, es una declaración de amor.

Lo dicho. Me ha gustado mucho este libro. Aunque lo he comenzado con la certeza de que iba a visitar ya la ciudad de la que me estaba hablando y lo he terminado ya en ella. Por supuesto eso puede influir, influye mucho, teniendo en cuenta que es una ciudad a la que no me canso de volver. Pero no es una guía de Nueva York, no habla de los lugares principales a lo que tiene que ir alguien que nunca ha visitado esta ciudad, o tal vez sí, pero de pasada. Habla del Nueva York del día a día. Nos ofrece un relato vital de lo que es vivir en ella cada día durante seis meses al año. Con sus días nevados y sus días soleados. Con sus millones de habitantes de paso, con sus jaleo, y sus imbebibles cafés en las manos.

Es un libro de doscientas y pico páginas que se leen volando. Si te gusta Nueva York, y te gusta cómo escribe Elvira Lindo yo creo que te gustará.