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martes, 29 de octubre de 2013

La autoría de una imagen



En mi entrada del día 28 de junio, que dediqué a los 50 años de la aparición de Rayuela de Cortazar, yo busqué una ilustración en internet para acompañar un texto de Cortazar y mi reseña del día que era (la misma ilustración que vuelve a encabezar esta entrada):


En dicha ilustración no se decía su procedencia y no lo indiqué. Pero la semana pasada me han dejado un comentario en esa entrada señalándome la autoría del collage. Por supuesto no quiero dejar pasar la oportunidad de decirlo de forma pública, y para ello vuelvo a reproducir aquí el comentario que me han dejado:

rocio
agradecería mención:
la imagen que ilustra tu post es un fragmento de mi collage de la serie CORTAZAR NUNCA LEIDO
Desde ya gracias.


Sergio
http://relampagosobrelagua.blogspot.com.es/

Muchas gracias Sergio, a ti, por prestárnosla. Me gustó mucho, por eso la elegí.

viernes, 28 de junio de 2013

28 de junio: 50 años de Rayuela de Cortazar



Capítulo 7

Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano por tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.

Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.

Rayuela
Cortazar






Hace 50 años que salió publicada "Rayuela" la novela de Cortazar. ¡¿Cómo no dedicarle una entrada en este blog?!

Quería, a propósito de ello, dejaros con el audio del programa de Documentos de RNE que se emitió el pasado sábado que dedicaron a este tema. Está muy bien. No dejéis de escucharlo.


"Si te interesa saber lo que pienso de este libro, te diré con mi habitual modestia que será una especie de bomba atómica en el escenario de la literatura latinoamericana". Así se refería Julio Cortázar (1914-1984) en una carta a Paul Blackburn, poeta norteamericano y traductor de algunos cuentos del escritor argentino, a la novela que estaba terminando de escribir, Rayuela.

La carta está fechada el 15 de mayo de 1962, un año y poco más de un mes antes de que se publicara la novela, que salió de la imprenta el 28 de junio de 1963.


 "La obra de Cortázar abrió puertas inéditas" (Mario Vargas Llosa)
 "Una obra tan bella e indestructible como su recuerdo" (Gabriel García Márquez)
 "Prosa hecha de aire, sin peso ni cuerpo pero que sopla con ímpetu y levanta en nuestras mentes bandadas de imágenes y visiones, vaso comunicante entre los ritmos callejeros de la ciudad y el soliloquio del poeta" (Octavio Paz).


Cortázar, a través de sus cartas, definió a Rayuela como la "antinovela", el "contralibro" o "la crónica de una locura" vaticinando la revolución que causaría en la narrativa en español al transgredir el orden tradicional de la historia y el modo de contarla.

"En realidad me propongo empezar por el final, y mandar al lector a que busque en diferentes partes del libro, como en la guía del teléfono, mediante un sistema de remisiones que será la tortura del pobre imprentero... si semejante libro encuentra editor, cosa que dudo", escribía Cortázar sobre su revolucionario método de lectura para Rayuela en una carta a Jean Barnabé el 30 de mayo de 1960.


Tardó cuatro años en escribirla, y uno más en revisarla. Pero 50 años después "Rayuela" sigue siendo un punto y aparte.

viernes, 24 de agosto de 2012

Cortazar, su cumpleaños y dos capítulos de Rayuela.



Este fin de semana de agosto hubiera sido el cumpleaños de Cortazar. Y digo este fin de semana porque encuentro disparidad entre las fechas de su nacimiento que vienen escritas en diversas biografías. A veces hablan del 24 de agosto y otras veces hablan del 26 de agosto, en cualquier caso, de lo que no hay duda es de que fue en 1914 en Bruselas. 

Aprovechando esta circunstancia podíamos recordar los capítulos de Rayuela que más me gustan, archiconocidos, ya lo sé, pero siempre originales. Podíamos recordar su figura, y su modo de escribir, siempre sorprendente, brillante. Podíamos recordar ese lenguaje que a veces utilizó, el glíglico o lenguaje inventado. Podíamos recordar esa forma que tenía él de jugar con el lenguaje.





Rayuela Capítulo 7



    Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano por tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.

     Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.




Rayuela, capítulo 68


   Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso y caían en hidromurias, en salvajes ambonios, en sustalos exasperantes. Cada vez que él procuraba relamar las incopelusas, se enredaba en un grimado quejumbroso y tenía que envulsionarse de cara al nóvalo, sintiendo cómo poco a poco las arnillas se espejunaban, se iban apeltronando, reduplimiendo, hasta quedar tendido como el trimalciato de ergomanina al que se le han dejado caer unas fílulas de cariaconcia. Y sin embargo era apenas el principio, porque en un momento dado ella se tordulaba los hurgalios, consintiendo en que él aproximara suavemente su orfelunios. Apenas se entreplumaban, algo como un ulucordio los encrestoriaba, los extrayuxtaba y paramovía, de pronto era el clinón, las esterfurosa convulcante de las mátricas, la jadehollante embocapluvia del orgumio, los esproemios del merpasmo en una sobrehumítica agopausa. ¡Evohé! ¡Evohé! Volposados en la cresta del murelio, se sentía balparamar, perlinos y márulos. Temblaba el troc, se vencían las marioplumas, y todo se resolviraba en un profundo pínice, en niolamas de argutendidas gasas, en carinias casi crueles que los ordopenaban hasta el límite de las gunfias.