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martes, 3 de abril de 2018

"Pasa Página" Una exposición de la Biblioteca Nacional de Madrid




Hay exposiciones que se hacen a la medida de uno. Entonces un poquito antes de verla, ya casi sabes que te va a gustar.

Hay exposiciones que cuando las ves aún te gustan más de lo que habías imaginado. Porque son ilustrativas, amenas, interactivas. Eso ocurrió con la exposición "Pasa Página" de la Biblioteca Nacional de Madrid, comisariada por Jesús Marchamalo.

Hay exposiciones que, además, piensas que a tus compinches también les puede gustar. Tus compinches tienen 10 años y 13 años y ya entienden de exposiciones. Leen las cartelas, van haciendo las actividades que se proponen en los paneles y disfrutan jugando con las palabras.




Hay exposiciones que se salpican con frases preciosas sobre libros. 

Exposiciones que están pensadas para los que gustamos de las páginas y las historias. Exposiciones que abarcan todo el universo del libro, desde el objeto físico hasta el lector, pasando por los escritores y las historias, las bibliotecas y las editoriales, leer e inventar.




Mis compinches se detuvieron ya en el primer panel, y quisieron unir cada principio con su libro: Harry Potter, Charlie y la fábrica de chocolate y El señor de los anillos no tuvo ningún secreto para ellas. Gracias al sentido del primer párrafo y la ilustración de la portada, tampoco La Metamorfosis se quedó atrás. Dentro de nada ya podrán resolver el panel entero. Aún quedaban otros muchos por curiosear.

Mis compinches se asomaron a todas las ventanitas, incluso improvisaron una postura nueva en el sillón de leer que no contemplaba el poster.

Por supuesto se pararon en las maquinas de los caramelos, y mientras la pequeña se afanaba por descubrir si de todas salían los mismos, o cuántos se les habían olvidado a los señores de antes recoger, la mayor leía los porcentaje con un interés que desconcertaba.



Hasta que llegaron al panel de "Paisajes de papel". Aquí mis compinches cogieron la típica tarjetita, que quienes ya hemos pasado cierta edad rellenabamos en su día y consultamos aún más días en los cajoncitos de las bibliotecas de nuestros barrios, y no tuvieron ningún problema en rellenarla rápidamente. Enseguida decidieron qué libro podían recomendar y por qué.

Hay faltas ortográficas que no ves en el momento ocupada en fotografiar el momento. Al advertirlas después, lejos de espantarte, tienen la virtud de conmoverte y arrancarte una sonrisa.  




Mis compinches también contestaron a su librería favorita. Rápidamente vino a su mente la fantástica librería Lello de Oporto. Mi compinche mayor rellenó con decisión los datos y aprendió a guillotinar la hoja siguiendo las instrucciones de la persona que cuidaba la sala. Después la colgamos detrás con las demás recomendaciones de librerías.






Seguimos leyendo algunos paneles más.
¿En serio que gana más el librero que el escritor? me preguntó mi compinche.  



Y leyendo de acá y de allá llegamos al juego que nos llevó más tiempo: ¿Te animas a componer un poema de tres versos con los títulos de los libros? Y allí anduvimos tres secuaces del título, buscando e investigando, rebuscando, probando, eliminando hasta que por fin en dos dijimos a trío ¡Eureka!

Y nos animamos, y compusimos tres poemas de versos que nos quedaron así:

Cartas entre seis hermanas
cuando todo era fácil.
Una temporada para silbar.
Caperucita en Manhattan.
Pinocho
Lengua de madera.



Y así tontín tonteando, descubriendo y jugando, fuimos disfrutando de esta exposición. De lo que opinan los distintos autores sobre la lectura, lo que supone para ellos. De las piezas audiovisuales y visuales con palabras de Lorca, sin dejar de utilizar gafas y móviles. 


Mis compinches y yo lo pasamos bien en esta exposición. Fuimos cómplices del mundo infinito e inabarcable que envuelve a la lectura y los libros. Y además, y sobre todo, aprendimos de forma lúdica.
¿Qué más se puede pedir?

Habrá que decirle a Jesús Marchamalo que es un acierto esta exposición. Y que esperamos la próxima porque no nos la perderemos.






Exposición "Pasa Página" en la Biblioteca Nacional de Madrid


Desde el 14 de noviembre de 2017 hasta el 20 de mayo de 2018
De martes a sábado de 10 a 20 h.
Domingos y festivos de 10 a 14 h.
Sala de Guillotinas



lunes, 2 de abril de 2018

La Biblioteca Marsh de Dublín










Y después de que nos tomemos uno de esos cafés irlandeses con nata y bayleys que nos caliente el corazón, con su sabor todavía en los labios, volveremos a visitar mi biblioteca preferida de Dublín: La biblioteca Marsh, también la más antigua de Irlanda.

Tiene tanto encanto esa biblioteca tan antigua... Está muy cerca de la Catedral de San Patricio, a la vuelta, en el lugar apacible que se merece una biblioteca como ella. Por supuesto que te recordaré de donde viene su nombre, porque fue fundada en el año 1707 por el Arzobispo Narcissus Marsh, quién le donó muchísimos de sus valiosos libros.












 La pasearemos muy despacio, aspiraremos su olor a tiempo y letra impresa, para finalmente sentarnos frente a las tres jaulas donde los lectores que pedían libros raros, tenían que hojearlos, para evitar tentaciones de llevárselos. Tentaciones que eran de lo más frecuente.

Y cuando hayan pasado muchos años, cuando ya nuestro viaje a Dublín esté lejano en el tiempo, todavía sonreiré recordando cómo nos disfrazamos con la peluca de bucles blancos, esa de lord del siglo XVIII, que probablemente aún colgara de aquel perchero.








martes, 20 de marzo de 2018

La biblioteca del Trinity College




Este pasado fin de semana, el sábado 17 de marzo de 2018, fue San Patricio.

En este blog vamos a celebrar la muerte del patrón de Irlanda a nuestra manera. Sin cerveza y con libros. Y le vamos a dedicar una entrada a una de las más maravillosas bibliotecas del mundo, sí, la que está en Dublín, exactamente en la Universidad mas antigua de Irlanda, el Trinity College. Porque para los irlandeses este día es el de la Patria y el orgullo nacional. Y desde luego es para que se sientan muy orgullosos de este tesoro.

Este enero pasado he cumplido uno de esos sueños que yo tenía: Visitar esta biblioteca.

Construída entre 1712 y 1732 esta biblioteca alberga más de 200.000 libros antiguos. Para ellos tuvieron que hacer una remodelación en la década de 1850 porque ya no les cabían.

Desde 1801 recibe un ejemplar de todos los libros publicados en Irlanda y Gran Bretaña.

Lo primero que ves es la exposición dedicada al Libro de Kells, que también por supuesto puedes admirar. Es un libro que data del siglo IX y que contiene un texto en latín de los cuatro evangelios.

Y después es cuando al fin llegas a La Long Room: esa sala increible y larguísima, de casi 65 metros que aparece en todas las fotografías. Con esa hilera de bustos de filósofos y escritores también tan fotografiados y cuya colección también comenzó en el 1743.

Pero todo lo que os he dicho hasta aquí lo leeis en cualquier sitio. Por eso yo lo que quiero es hablaros de su luz, esa luz anaranjada que entraba en ese día frio de enero pero muy soleado, que parecía acariciar todos esos tomos de antiquísimos libros como si quisiera protegerlos de tanto visitante armado de su cámara. Os quiero hablar también del suelo brillante donde nos reflejábamos al caminarla y servía de espejo a sus altísimas estanterías de madera y su techo abovedado. También cómo no hablaros de su olor a madera antigua envolviéndote. Y de esa escalera de caracol de forja que no pude subir pero que ya me hubiera gustado hacerlo para poder contemplar desde arriba toda la enorme sala. Os quería hablar finalmente de sus filas, filas y más filas de libros. 

Os quería comentar, en definitiva, que no me defraudó en absoluto, si acaso todo lo contrario.

La biblioteca más grande de Irlanda es espectacular. 








lunes, 12 de marzo de 2018

Presentación de "Torno al corazón" de Federico Monroy





 
INVENTARIO

La fina arena, evaporada, es de una casa
que se ha hecho por pedazos.
Menos la fiebre, es el síntoma del desván en otra
hora.
Los guijarros del suelo, los miedos,
la desolación es una capa de barniz por encima.
Cascotes en el piso,
y nuestros pasos van unidos, sin un nombre.
Pero ahora te busco en estas tardes, como quien bus-
                                                       (ca un yacimiento
y separa las piedras -esta sí, esta no, de lo que eras.
Por encontrarnos.

Federico Monroy "Torno al corazón"


Comienzo las lecturas poéticas de marzo con la presentación de dos libros. Por un lado el poemario de Federico Monroy "Torno al corazón" y por otro la novela "Tras las cortinas" de María José Vidal Castillo.

Ambos andaluces, pero afincados en Madrid, se unieron para presentar a dúo sus últimos libros, un nuevo poemario en el caso de Fede, y su primera novela en el caso de María José. 




A Federico le conocía ya, porque es compañero de mi tertulia literaria. Por eso asistí. Allí nos encontramos varios compañeros. Fede nos volvió a demostrar su virtuosismo con los versos y su forma de leerlos reposada y profunda. A María José no la conocíamos pero también nos leyó fragmentos de su novela, donde había acertadas descripciones de Sevilla, y otros fragmentos de distintos momentos de su historia siempre narrados con una prosa sencilla y correcta. De la novela no puedo decir mucho más porque no la he leído. Pero la autora leía muy bien, nos llegaba su historia.

Ambos se acoplaron muy bien para presentar sus obras respectivas, hablaron de sus orígenes andaluces, de la religión, de sentimientos y ambos leían poemas o fragmentos de sus respectivos libros mostrándonos su forma de abordar esos temas que iban surgiendo, no sé con cuánta improvisación o no, pero que resultaron muy bien empastados.

El lugar, esa sala de lectura de la biblioteca Eugenio Trias-Casa de Fieras que está dentro de El Retiro, tampoco lo conocía, pero me sorprendió muy gratamente. Que lugar tan luminoso y tranquilo un sábado por la mañana para evadirse hablando de literatura. 

Fue un acto muy agradable, lo disfrutamos mucho. Quería dejaros con algunos momentos de éste, y también con una foto de grupo de algunos de los que estuvimos acompañando a los autores que nos ha enviado Fede Monroy de recuerdo.

Mil gracias a los autores por devolvernos un sábado por la mañana distinto y, sin lugar a dudas, mejor.


















martes, 6 de febrero de 2018

Las cuatro Bibliotecas de Dublín







Cuatro eran cuatro las bibliotecas que tiene Dublín para visitar.
Cuatro eran cuatro las que tenías que conocer.
Sí o sí.
Que para eso de las bibliotecas no te andabas tú con medias tintas.

Cuatro eran cuatro las que hoy solo quieres presentar, porque cada una de ellas se merece de sobra una entrada en este blog para ella solita. Para que se adorne de todo lujo de palabras y libros. Para que se luzca y presuma siendo la protagonista. Porque cada una de ellas lo merece.

Por supuesto habrá una entrada para la joya de la Corona, la Biblioteca del Trinity College. Pero también habrá que detenerse en la Chester Beatty Library que está al lado del Castillo, en la National Library of Ireland que ocupa un edificio gemelo al Museo de Arqueología y desde luego para la Biblioteca Marsh que está lindando con la Catedral de San Patricio, tu favorita y la más antigua de Irlanda.

Cuatro eran cuatro las bibliotecas que visitaste en Dublín.
Cuatro muy especiales y únicas.
Cuatro.





La Biblioteca Chester Beatty en Dublín




La National Library of Ireland en Dublín


Biblioteca Marshs de Dublín
 


domingo, 1 de octubre de 2017

La Biblioteca de la Universidad de Oviedo



Si mi blog hubiera sido un perro, nada más ver esta puerta se hubiera puesto a mover el rabo y a salivar como su antepasado "el perro de Paulov".

Si mi blog hubiera sido un niño hubiera dicho: "¿Puedo entrar, di Rocío, puedo? Porfaaaaaa, solo un ratito ¿vale? De verdad que solo un rato muy pequeño".

Pero como solo es un blog el pobre no dijo nada, qué más hubiera querido él... Pero como le conozco, le conozco cómo si le hubiera parido y estábamos de vacaciones pues le dije: ¡Venga anda...! Y le dejé entrar. Un ratito solo.


Porque a mi blog le encantan las bibliotecas. No lo puede evitar. Son su debilidad.

Ese silencio que invita al recogimiento, todos esos libros en las estanterías esperando a ser cogidos, esas mesas de madera, esas mullidas butacas, esos puntos de luz... todos preparados para que tú solo puedas hacer una cosa: leer.


En esta ocasión fue la Biblioteca de la Universidad de Oviedo. Chula ¿verdad? Bien chula.

Sus orígenes se remontan al año 1608. Pero los inicios de su esplendor serían en el siglo XVIII. Campomanes, ministro de Carlos III, haría mucho porque ésto llegara a ser así.

Pero en la Revolución de Asturias de 1934, en un incendio que hubo se perdieron muchas de sus colecciones. Para empezar hubo que reconstruirla por fuera otra vez. Esa reconstrucción terminó en el año 1942. Y por dentro, aunque muchos de sus fondos se perdieron, ha seguido conservando algunos muy importantes e interesantes: Manuscritos como La Relación del viaje de Fray Diego de Ocaña por el Nuevo Mundo (1599-1605), o algunos Incunables, Impresos del siglo XVI, Impresos de los siglos XVII yXVIII, piezas sueltas del teatro antiguo español...

También ahora esta Biblioteca Universitaria es centro de recepción de visitantes y de conferencias relacionadas con los Premios Príncipes de Asturias. 

En general está muy relacionada con la vida y la cultura asturiana.

¡¿Cómo no iba a dejar entrar a mi blog un ratito!? Y dos...







martes, 12 de septiembre de 2017

Visita a la Biblioteca Nacional de Madrid





Este blog siente debilidad por las bibliotecas. 

Acostumbra a atesorar fotos de todas las que visita a lo largo y ancho de este mundo. No lo puede evitar. Esos santuarios de la lectura, forrados de estanterías llenitas de libros, donde huele a letra y se respira el silencio necesario para zambullirse dentro de unas páginas, le tienen robada la voluntad.
Este blog también tiene una etiqueta donde va guardando memoria de todas ellas bajo el epígrafe de "La vuelta al mundo en 80 bibliotecas", haciéndole un guiño al famoso libro de Julio Verne.

Ocurre que este blog no había podido nunca visitar la mejor biblioteca de su ciudad, la más emblemática. Nos estamos refiriendo a la Biblioteca Nacional de España, que está en el Paseo de Recoletos de Madrid. Claro que había estado allí muchas veces, en múltiples exposiciones y conferencias. Pero nunca había podido ver su "trastienda", sus depósitos, sus salas, su cafetería... Y lo estaba echando de menos.
Este agosto pasado por fin lo consiguió. Tuvo la suerte de que alguien muy allegado le invitara.

En esa ocasión, cuando fuera rozábamos los treinta y muchos grados, mi blog se paseó por el fresquito de los depósitos de la Biblioteca Nacional. Podéis imaginar que, además de libros, tiene muchísimos fondos de todo tipo de material. Varias plantas, con numerosos pasillos y dentro de cada pasillo documentos de todo tipo: Incunables, fotografías, dibujos, mapas, etiquetas de libros de papel de fumar, cromos, postales, posters... Muchísimos tipos distintos que han perdurado a lo largo de los años e incluso los siglos.









Mi blog levitaba caminando por los pasillos de todos esos depósitos. Observando por todas partes cuánto de valioso hay ahí preparado para alguna futura exposición, o simplemente esperando el momento de volver a ser guardado. Atento también a los detalles como el de los guantes blancos para manipular los libros.

Tal y como imaginaba, no se sorprendió de que de nuestra guerra civil, o "incivil" como dicen algunos, hubiera tantísimo material. Cajas perfectamente ordenadas con etiquetas conocidas: "División azul", "Auxilio social", "Frente de Aragón", "Iglesias" o las más tristes: "Checas", "Muertos y heridos". Y por supuesto otras tantas de fotos: "Fotos de las plazas españolas", "Escenas de guerra", "Varios frentes" ...








Cuando mi blog terminó de ver los depósitos de los libros, de las fotos, de los mapas, de mil y un documentos, también paseó por sus pasillos. Asistían a su paseo los autores premiados con el Premio Cervantes, nos miraban impasibles desde dentro de sus cuadros. Él ya los conocía, guarda en una sus entradas memoria de una exposición que hubo en la Biblioteca en los que estaban todos los cuadros más otros documentos (libros, cartas...) de cada uno de esos premiados autores.





Y después aún tuvo tiempo de visitar algunas de sus salas de lecturas: La Sala Goya, la sala Cervantes, la sala Barbieri... donde se tiene la posibilidad de consultar muchos de sus fondos.






Fue una visita muy interesante, mucho. Logramos asomarnos un poquito a cuánto ha atesorado esta Institución en sus 300 años de existencia. Por supuesto es imposible poder abarcar ni resumir todo lo que atesora y supone esta Biblioteca. Además a mi blog no le dejaron hacer demasiadas fotos. Pero con unas poquitas quería dejar constancia de la suerte que supuso caminar por allí una tarde, poder admirar algunos de sus rincones, ver un poco cómo se archiva y cómo está dispuesta... ver su interior rico y oscuro.

Solo queda dar las gracias a quién lo hizo posible: a mi querida infiltrada, y a sus compañeros tan amables. Los mismos anónimos trabajadores que cada día velan porque la Institución funcione.

Tenemos una Biblioteca Nacional bien chula, me susurra mi blog cuando salimos.
Y yo, sin hablar, asiento una y otra vez.




martes, 4 de julio de 2017

La biblioteca del Palacio da Bolsa de Oporto





Se quedará en la memoria cómo la biblioteca que no nos enseñaron. Aquella de vitrinas altas de madera y paredes color siena. Aquella que tenía un techo precioso de pinturas y unas lamparas verdes en las mesas que solo pueden iluminar libros fantásticos. La misma que tuvimos que fotografíar desde la puerta y casi a oscuras.

Nos enseñaron muchas salas del Palacio de la Bolsa de Oporto. Ese edificio construido en estilo neoclásico en la segunda mitad del siglo XIX que ahora es sede de la Asociación Comercial de Porto.

La construcción del Palácio da Bolsa comenzó en 1842 y pasó casi medio siglo hasta su inauguración en el año 1891. Participaron en ella grandes nombres de la escultura, de la pintura, de la arquitectura y de las artes decorativas. 

En la actualidad está calificado como Monumento Nacional.

 
Recordaremos a aquel señor que no consiguió hacerse un café a la entrada por más que lo intentó. Recordaremos lo bien que comimos en el restaurante de su planta baja, lo rico que nos supo aquel sabroso bacalao. Nos veremos otra vez sobre ese suelo de colores, ese mosaico que pisamos en el patio central bajo tantos escudos. 


Y después subiendo las preciosas y nobles escaleras para ir recorriendo despacio la sucesión de señoriales salones.  Uno tras otro...
 


Recordaremos incluso el gabinete de Gustave Eiffel, aquel que ocupó cuando pasó por Oporto. Tan austero, tan desnudo pero con aquella máquina de escribir antigua que lo llenaba todo.

¡Y cómo olvidar esa maravillosa Sala Árabe o Arábiga inspirada en La Alhambra de Granada! Cómo no recordarlo: Una sala de más de 300 metros cuadrados, muy recargada con motivos islámicos, decorada según el gusto oriental característico del siglo XIX.




Pero  lo que será imposible de olvidar, sé que no lo conseguiremos, es que no nos enseñaran aquella biblioteca. 

Esa tan coqueta por la que pasamos nada más entrar, esa que no tenía una mota de polvo, esa que olía a libro y a siglos de estudio, esa que solemne e hipnótica, aletargada y a oscuras palpitaba tras una insignificante cuerda. 
 
Esa misma biblioteca que contenía más de ¡10.000 libros!

Esa que relucía intacta. Que nos esperaba.


Nos esperaba.

Y nunca nos enseñaron.