domingo, 30 de octubre de 2011

"El violonchelista de Sarajevo" de Steven Galloway




Yo no sabía que el Adagio de Albinoni no era de Albinoni, sino que es de un musicólogo italiano llamado Giazotto que lo compuso en 1945 a partir de un manuscrito de Albinoni que encontró en la s ruinas de  la Biblioteca de Dresde poco después de la Segunda Guerra mundial.

Y yo toda la vida pensando que el Adagio de Albinoni, era de Albinoni...

Cómo tampoco sabía que existió en el cerco de Sarajevo un violonchelista que durante 22 días (uno por cada muerto estaba homenajeando) salió jugándose la vida a tocar el Adagio de Albinoni al filo del crater donde el día anterior había caído una bomba matando a veintitantas personas, y muchas más fueron heridas, mientras estaban haciendo cola para comprar el pan.

Solo porque he aprendido estas dos cosas ya me ha merecido la pena leer "El violonchelista de Sarajevo".

Y éste también es el comienzo de la novela: cómo el violonchelista vee cae el obús y matar a todas esas personas, cómo inmediatamente resuelve a partir de ese día salir los 22 siguientes a tocar el "Adagio de Albinoni" para ellos. Esto fue verdad y éste hecho es del que parte esta novela tan emotiva. 

Pero el violonchelista no es el único protagonista, hay otros tres: Dragan, que intenta reunir el valor suficiente para cruzar un puente sobre el que tiran los francotiradores... Flecha, una francotiradora, que tiene que cuidar de la vida del violonchelista. Y por último Kenan, un pobre hombre, casado y con hijos que tiene que ir cada tres o cuatro días a una destilería, el único sitio del que se obtiene agua potable en la ciudad,  cargado con un montón de garrafas vacías, salvando trampas mortales, para traer agua para su familia y para una odiosa vecina a la cual no sabe ni por qué la soporta, ni ayuda.

 Estos son los cuatro personajes. Y el lugar es el cerco de Sarajevo, una ciudad sitiada por francotiradores que disparan a cualquier civil que salga a la calle. Una ciudad sitiada por la guerras, la falta de alimentos, agua o electricidad.

Hay que reconocer que el tema no solo es de lo más actual, apenas han pasado veinte años desde la guerra, sino que además está contado de forma sencilla, sin adornos, sin descripciones ni apenas diálogos.  Sigue la técnica del multiperspectivismo. Esta contado de forma directa y reflexiva por los tres personajes, ahondando en sus sentimientos y sus sensaciones, mientras lo están viviendo. Por momentos somos nosotros los que decidimos sí cruzamos o no la calle, si nos arriesgamos a que nos disparen, si corremos a buscar al que ya está herido, con el riesgo de que nos disparen también, o si decidimos quedarnos a ver cómo enseguida vienen y lo retiran ante nuestros ojos... como si no hubiera apenas pasado nada. Es nuestra ciudad, es nuestra vida ¿Por qué hemos llegado a ésto? se preguntan los protagonistas.

Es increíble, la verdad, lo que pasó en Sarajevo. Pero la novela, cruda y terrible, creo que consigue reflejar muy bien lo desolador, lo peligroso y lo triste que debió ser vivir aquello. El autor consigue con esa forma de contarlo, meterte dentro de esos personajes y conmoverte, sentir la agonía que debieron vivir los que tenían que sobrevivir cada día durante esos años sin saber cuánto duraría aquello...

No sé si es que yo ya estaba sensibilizada por el hecho de haber estado unos días antes allí. Supongo que también. Pero sea por eso o no, a mí me ha gustado leer sobre ello. Aunque reconozco que no es una lectura agradable, creo que es necesaria.

     



"Y así, hoy, como todos los días en la memoria reciente, el violonchelista se sienta junto a la ventana de su apartamento, en la segunda planta del edificio, y toca hasta que siente que la esperanza regresa. Raramente toca el Adagio. La mayoría de los días consigue sentir que la música le rejuvenece con la misma facilidad como si estuviese repostando gasolina con el coche. Pero otros no ocurre lo mismo. Si, tras varias horas, ve que la esperanza no regresa, hace una pausa para recomponerse, y luego él y su violonchelo rescatan pacientes el Adagio de Albinoni del arrasado museo de Dresden y lo trasladan a las calles de Sarajevo, horadadas por el mortero e infestadas de francotiradores. Para cuando las últimas notas se desvanecen, su esperanza está ya restablecida, pero cada vez le resulta más arduo recurrir al Adagio, aunque se vea obligado a hacerlo, porque sabe que su efecto es finito. Sólo queda una cantidad concreta de adagios en él, y no comentará la imprudencia de malgastar esta valiosa moneda de cambio."

 

El violonchelista de Sarajevo

Steven Galloway

Título original: The Cellist of Sarajevo
Editorial: El Aleph
Año publicación: 2008



 Estos son mis pies en Sarajevo, ante "La rosa de Sarajevo". Un homenaje a los que murieron sobre el asfalto con manchas rojas. Os copio como lo cuentan ellos: "La rosa de Sarajevo es un recuerdo, una cicatriz en el hormigón de las calles de Sarajevo como recuerdo de allí donde murió un civil por el disparo de un mortero. Los disparos de mortero al estallar contra el suelo crean un inusual patrón floral en la mayoría de las ocasiones, Sarajevo aguantó un asedio durante mucho tiempo y fue acribillada por miles de estos disparos.".


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